Coste hundido
Resumen
El coste hundido (sunk cost) es un coste ya gastado que no se puede recuperar (dinero, tiempo, esfuerzo). Es un término de economía, y se considera que en una toma de decisiones racional no hay que tener en cuenta los costes hundidos. Sin embargo, es posible que, arrastrado por la sensación de «qué desperdicio», distorsiones tus decisiones basándote en los costes hundidos. Esto se llama falacia del coste hundido (sunk cost fallacy).
Ver hasta el final una película aburrida porque «sería un desperdicio de la entrada». No poder dejar un trabajo que no te va porque «ya llevo 3 años». Estos son ejemplos de la falacia del coste hundido. Los costes invertidos en el pasado no deberían influir en las decisiones del futuro, pero las emociones hacen difícil ser tan práctico.
El buzón de preguntas y el coste hundido
Decidir «cuándo dejarlo» es uno de los ejemplos en los que la falacia del coste hundido interviene al llevar un buzón de preguntas. «Ya llevo 1 año con esto, sería un desperdicio dejarlo ahora», «Con todo lo que me ha costado responder 500 preguntas». Este patrón de pensamiento es la falacia del coste hundido. El tiempo y el esfuerzo dedicados en el pasado no sirven para decidir si conviene seguir con el buzón de preguntas.
También en las respuestas a cada pregunta puede actuar el coste hundido. Por ejemplo, escribes hasta la mitad una respuesta larga y, aunque piensas «al final no quiero responder a esta pregunta», la publicas porque «ya que he escrito hasta aquí». El tiempo que dedicaste a escribir no vuelve, pero sigue existiendo la opción de no publicarla. Conocer la falacia del coste hundido ayuda a echarse atrás a mitad de camino.
Liberarse del coste hundido
Un ejemplo de cómo escapar de la falacia del coste hundido es preguntarte: «Si empezara desde este mismo momento, ¿tomaría la misma decisión?». Si hoy conocieras el buzón de preguntas por primera vez, ¿lo empezarías en tu situación actual? Si la respuesta es que no, eso es una razón para elegir dejarlo, sin importar la inversión pasada.
Esta forma de pensar no se aplica solo al buzón de preguntas, sino también a la gestión de cuentas en redes sociales. Dejar una cuenta en la que has ido acumulando seguidores puede ser psicológicamente duro. Pero si llevar esa cuenta te hace sufrir ahora, es más sano tomar una decisión nueva sin quedarte atrapado en el coste hundido del número de seguidores. Respetar la inversión de tu yo del pasado no es lo mismo que dejarte atar por ella.